sumergida
notas sobre la belleza y la hostilidad del mundo
lo que sea que me esté sucediendo, ¿tiene solución? ¿en qué me afecta? ¿me atrevo a ponerle un nombre? desde que descartaron todo lo feo dentro de mí me siento vacía, nada aliviada de estar fuera de peligro, supongo. y es travieso verbalizar esto, y no sé bien en qué lugar me deja, porque tan solo habla de que los niveles de exigencia y autovigilancia se han recrudecido al máximo. lo que sí sé es que una batería de síntomas otros se están manifestando con una crueldad muy densa y pesada. taquicardias. han vuelto los eccemas. insomnio. a veces me falta la respiración y, en cambio, siento como si mis pulmones estuviesen repletos de oxígeno, uno recién salido del interior de una montaña. pienso en esto durante una reunión de trabajo x en la que nada de lo que se dice me genera ilusión o entusiasmo. caigo en las repeticiones de lo que durante esa conversación se dice, como si estuviese revisando un texto. las empiezo a detectar, las repeticiones; comienzan a saltarme a la cara, como cuando abro fuerte el grifo y olvido la temperatura a la que dejé la manivela y quema. en casa no hay lavaplatos, así que esto es lo que hay. de pronto, alguien utiliza esta frase: “es obvio y evidente”. ¿se habrá dado cuenta de que ha dicho prácticamente lo mismo? no digo nada y lo anoto en un cuaderno junto a los demás pensamientos intrusivos que transito a lo largo del día. caigo en la cuenta de que ser como uno es tiene consecuencias.
busco actividades físicas que distraigan a mi cerebro y no encuentro ninguna que me satisfaga. no soy capaz de escribir al entrenador que frecuentaba hará unos meses. ¿por qué? ¿y volver a la piscina? no quiero hacer deporte, ninguno, pese a los beneficios que tenga para mí. dado que mi cuerpo las semanas anteriores ha estado sometido a tanta presión y no ha parado de hablar, es como si no quisiera escuchar nada de él, en ningún sentido. esto me hace sentir insegura y confusa; comprendo que, al menos, siento algo cuando anoto estas dos palabras aquí, porque hace días que no siento nada. si las escribo es porque se mueven conmigo o dentro de mí.
estos días leo la nueva novela de eva baltasar, peces. es magnífica; ha vuelto, en cierta medida, al tono del permagel y recupera la tradición que arrancó con esther tusquets en el mismo mar de todos los veranos: despojar al deseo femenino de su amabilidad teórica y hacerlo tan fiero, o más, que el masculino. en ocasiones, mientras devoro sus páginas, siento que más que despojar al deseo de la brutalidad ha inventado una nueva violencia para él, y eso me parece muy poderoso a nivel narrativo. hace que quien lea se sorprenda y caiga de bruces sobre la morbosidad literaria de representar al monstruo que vive en nuestro corazón. aún voy atrasada con las partes a las que quería volver del texto, pero me he zampado todas y cada una de las cosas que se han dicho sobre ella en prensa. me dejó estupefacta algo que mencionó, cómo el hecho de crear un personaje que te genere tal obsesión puede externalizar problemas de tu propia biografía, no como autora, sino como persona. el mero hecho de enunciar que podemos detectar trabas personales a raíz de las historias que narramos por el cómo lo hacemos me pareció innovador y luminoso.
la lectura de eva baltasar me hace rumiar no pocos asuntos. por ejemplo, ya he dejado de tener esa sensación de estar en un sitio como de ciencia ficción, en una serie o en una película, y tenerme que enfundar el traje de heroína superada por los acontecimientos. esto me deja muy tranquila. significa que el narcisismo o el victimismo, si no son dos lecturas distintas condenadas a entenderse de un mismo acontecimiento, va rebajando su protagonismo en mi cabeza. son dos temas que atraviesan mi cerebro a velocidades distintas, y asimismo tiene que ver con lo que se cuenta en peces, la basura injusta de traspasarle a alguien tu pasado y tus expectativas.
caigo igualmente en otra cosa. recuerdo a melissa febos, esa frase suya que me carcome y que no paro de repetir por estos lares de haber estado quince años preocupada emocionalmente por alguien. de todas las vueltas de las que ha disfrutado cada una de sus palabras en mi cabeza en ninguna de ellas he depositado la importancia en el tiempo. lo que febos no quiere hacer es renunciar a lo que podría ser una pérdida de tiempo, y esto es duro. ¿quién puede enfrentarse a algo así, a saber, que ha invertido la cosa que más nos preocupa y que tenemos de aquella manera a fondo perdido? ¡qué puto infierno, colega! sobre todo, porque cuesta mucho rato, y a veces no pasa, comprender que la inversión ha sido en aprendizaje. se aparece así ante mí una imagen que me genera ganas de escribir y de seguir leyendo novelas que me recuerden qué significa la ficción hoy. pienso en cómo últimamente una amiga rebusca cosas en mi cabeza como si fuese un neceser de maquillaje y siento que es una forma de nombrar la intimidad nueva porque siempre encuentra lo que necesita en él y yo no sabía ni que lo tenía. ¿cuántas veces somos capaces de contarnos la misma historia una y otra y otra vez a modo de exploración o aventurilla personal? cuando parece que no hay un fin claro en la enunciación over and over again del yo, se produce una pequeña epifanía: la repetición más elegante de un relato ha de resolverse en un silencio.
se me hace presente el libro de sophie calle, dolor exquisito. el título es de una exactitud que te deja sin respiración. calle se contó en 99 ocasiones (creo) la historia de amor con un hombre hasta que la propia repetición la engulló y lo entendió. aprendió algo y pudo tomar distancia. fue humilde y nada discreta. yo hubiese ideado una bomba nuclear de cero. pero la realidad es que todo lo que terminamos en nuestras vidas siempre empieza de nuevo en otro cuerpo hasta que el deseo se seca.
así las novelas de eva baltasar, supongo. es increíble cómo consigue la autora elaborar una sola versión de una canción en repeat. eva baltasar, entonces, esa recuperadora de tiempo perdido que no piensa dejar títere con cabeza, y punto.
xoxo

‘caigo en la cuenta de que ser como uno es tiene consecuencias.’ bang bang <3
«La repetición más elegante de un relato ha de resolverse en un silencio». Amén.